fiestas, jolgorio, alegría,
ilusión y lotería,
frustración y falsedad.
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Amalgama de colores,
rosario de monumentos,
pinos, olivos y flores,
amores y desamores
y en tus coplas, sentimientos.
Esa eres tú, Andalucía,
tierra de mar y de sol,
de cantes por bulerías,
de penas y de alegrías
y de romances de amor.
Desde Huelva hasta Granada
el aire lleva las notas
de esa poesía cantada
por la pluma enamorada
de Juan Ramón y de Lorca
Pintores y más pintores
se enamoraron de tí
y plasmaron sus amores
en lienzos de mil colores
con pinceles de rubí.
Despierta pueblo dormido
y recita los cantares
que el viento, como un gemido,
por entre ramas sumido,
arranca a tus olivares.
“Yo soy un pueblo del sur
porque en el sur estoy,
soy un pedazo de azul,
soy el gran pueblo andaluz
y lo que tengo lo doy.
He dado al mundo poesía,
he dado luz y color,
he repartido alegría,
y es que soy Andalucía,
tierra de mar y de sol."
YOSOYASI
Se acerca San Valentín,

Estoy solo, solo entre mucha gente,
Soledad que me lleva al desvarío,
Soledad que es calor y también frío,
Soledad es lo que mi alma siente.
Y en esta mi soledad inerte,
Falto de amor y falto de esperanza,
Veo enfilar hacia mí la fría lanza
Que en sus garras trae la negra muerte.
Hubo amigos que no fueron mis amigos,
Hubo alguien que me hablaba de amistad,
Pero ahí está el tiempo, fiel testigo,
De que siempre he vivido en soledad,
Que aun en soledad viviendo sigo
Y que solo viviré la eternidad.
YOSOYASI

Esa madre sufre y en silencio llora,
su hijo tomó el camino equivocado,
y ve como se aleja de su lado
un hombre ya, el niño que ella adora.
Nadie la oyó jamás ningún lamento,
pero todo el mundo intuye la pena
de esta mujer sencilla y buena
que afronta con valor su sufrimiento.
Y es que sin saber por cuales artimañas,
el que para ella sigue siendo un niño,
de pronto adquirió conductas extrañas.
Empezó a dar de lado su cariño,
las fuertes lanzas se volvieron cañas
y su buen hacer trocóse en desaliño.
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Luchó contra todo y contra todos,
jamás tuvo el apoyo de su gente,
pero a esta mujer buena y valiente
nunca se le vieron malos modos.
Fue su mejor arma la dulzura,
con ella venció a la adversidad,
su hijo se rindió ante su verdad
y aceptó que su mal tenía cura.
Hoy vemos en su rostro una sonrisa,
entiende que ha ganado una batalla,
pero sabe que no hay que tener prisa.
Que hay que derribar una muralla
y que solo le vale un premisa:
la de no arrojar nunca la toalla.

YOSOYASI



